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TESTIMONIOS VOCACIONALESHERMANA MILENA ROMEROMISIONERA ARGENTINA EN URUGUAY![]() HISTORIA DE MI VOCACIÓNHola, mi nombre es Milena Romero, soy argentina, tengo 24 años, soy la mayor de tres hermanos y hace cuatro años dejé mi patria, familia, amigos, para ganar el ciento por uno, para tenerlo todo en Cristo. Estoy viviendo el segundo año de noviciado en esta familia religiosa a la que el Señor me ha llamado, donde encontré verdaderas hermanas, mujeres que como yo, quieren darse por entero al Señor, dejándose transformar por Él. ¿Cómo nació mi vocación? Ése es un misterio que nace sin darse uno mucha cuenta, que crece en el silencio y en esa relación de amor que es la fe y la oración. Si miro para atrás, me doy cuenta de los mojones que el Señor fue poniendo en mi camino, las personas, situaciones y hechos que fueron marcando este camino que es la vida. La primera vez que manifesté deseos de ser religiosa, fue a los 5 años! Iba a un jardín de infantes atendido por hermanas, y no se me ocurría que se pudiese ser más feliz que siendo como ellas. Yo no entendía mucho de estos temas, pero nació en mí un deseo, una especie de intuición que me llevaba a cultivar la relación con Jesús. Los años fueron pasando y ese deseo inicial fue creciendo y madurando. Pero las dudas no tardaron en llegar. ¿No tendré vocación de casada? En mi región, las chicas nos casamos muy jóvenes, así que a la edad de 15 años algún que otro candidato mostró interés. Verme en esa situación me llevó a plantearme con seriedad la vida. ¿De qué forma gastarla? ¿Qué me sugería el Señor? La respuesta la tuve a los 17 años, cuando, después de muchas luchas le dije a Jesús que sí, que aceptaba su invitación a estar con Él y seguirlo. El siguiente problema que se me presentaba era el lugar. ¿Dónde me quería? Y como siempre, las “casualidades” me llevaron a conocer a las Hermanas Misioneras. Gracias al acompañamiento vocacional, a la experiencia de comunidad y testimonio de las hermanas, fui creciendo en muchos niveles, madurando el sentido de SER Misionera. Todavía me queda mucho camino por recorrer, pero voy segura del amor de Dios y de mis hermanas, “por eso no temo”. Sólo me queda dar gracias a Dios por tantas gracias y animar a las que lean esto: “Todo lo puedo en aquel que me conforta”. Saludos y bendiciones desde Uruguay. TESTIMONIOS ANTERIORES:HNA. SARA RODIL |
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