Paseo de la fé nº 34
20007, San Sebastián
(Guipúzcoa)

Tel.: 943 45 60 72

Poemas

Dios sólo

Inicio


Para mí hay un único bien sobre la tierra
y es Dios sólo. Sólo Dios es mi tesoro.
Dios sólo. Sólo Dios alivia mi miseria,
y hacia Dios sólo mi corazón encamina su vuelo.
Bendigo su ternura, lo repito sin cesar.


Este grito de amor, este anhelo de un corazón grande:
Dios sólo, sólo Dios, he aquí la verdadera felicidad.
Dios sólo, sólo Dios cura la herida.
Dios sólo, sólo Dios es potente auxilio.
Dios sólo basta para el alma recta y pura,
y es a Dios sólo a quien siempre busca.


Dulce transporte del alma;
¡ay! yo siento que me inflama
ese grito de amor, este anhelo de un corazón grande.
Dios sólo, sólo Dios, he aquí la gran felicidad.

 

Jesús, te amo

Inicio


¡Jesús, te amo!
Amor ¿cómo no amarte?
Tú me has amado más que a ti mismo.
Por ti quiero yo consumirme,
por mí tú te has entregado.
Amor ¿cómo no amarte?
¡Jesús, amor, te amo!


¡Jesús, te amo!
Por mí te vuelves loco de amor.
Ojalá amándote, pueda también
mi alma volverse loca a su vez.
Como me has amado yo te amo.
¡Qué dulce ser loca de amor!
¡Jesús, amor, te amo!


¡Jesús, te amo!
Dame tu Corazón para amarte;
el que palpita en mí misma
no tiene ardor para prenderse.
Sólo Tu sabes cómo hay que amarte.
Dame tu Corazón para amarte.
¡Jesús, amor, te amo!


¡Jesús, te amo!
Jesús es el corazón de mi corazón.
Oh dulce Jesús, oh el amor mismo,
fuente viva de mi dicha,
yo tengo todo el Cielo en mí.
Jesús es el corazón de mi corazón.
¡Jesús, amor, Te amo!


¡Jesús, te amo!
¡Jesús sólo, mi vida y mi todo!
Haz que separada de mí misma,
yo viva en Ti siempre en todo lugar.
Al mundo yo le digo anatema.
¡Jesús sólo, mi vida y mi todo!
¡Jesús, amor, te amo!


¡Jesús, te amo!
Apresúrate a consumirme;
mientras permanezca yo misma,
nunca sabré yo amarte.
En las llamas de tu gran amor
apresúrate a consumirme.
¡Jesús, amor, te amo!


¡Jesús, te amo!
Por Ti de amor quiero morir.
El esperarte belleza extrema
demasiado tiempo, me hace languidecer.
Yo quiero verte, ¡oh Tú! a quien amo
y para verte quiero morir.
¡Jesús, amor, te amo!

 

Plegaria al Sagrado Corazón

Inicio


Te necesito Corazón de Jesús.
Necesito un amigo como Tú,
un amigo a quien consolar y compadecer,
un amigo que me cuide.


Te necesito, Corazón de Jesús
para sentir tu ansioso cuidado,
para contarte todos mis deseos
y compartir todas mis penas.


Dulce Jesús, guárdame a tu lado
junto a Ti todo el día,
aunque yo no me permitiría
apartarme de tu lado amado.


Sostenme con tu dulce mano,
guía mis pasos vacilantes;
y aunque caiga diez mil veces,
no temeré, confiaré.


Y Tú me enseñarás ¿no?
cada deber a cumplir;
y esto será mi única delicia:
hacer tu amable voluntad.


Sólo te hago una petición,
esta recompensa imploro:
por cada pensamiento, palabra y acto,
amarte más y más.

Al Sagrado Corazón

Inicio


¡Oh Corazón del más tierno Maestro!
¿Cómo alabar tus grandezas?
¡Ay! ¿cómo reconocer
tus innumerables favores?
De este divino santuario
¿quién nos contará su atractivo?
¡Oh cielo, desvela a la tierra
el más dulce de tus secretos!


En tus atrios tan queridos,
el Dios Salvador cada día,
enseña a los justos y a los pecadores
la fuerza de su amor;
el Corazón de este Padre cariñoso
no ofrece sino paz y perdón.
¡Oh Cielo, enseña a la tierra
a bendecir a este Dios tan bondadoso!


Escondido en su santuario,
el Salvador nos repite
este oráculo saludable:
“Sed humildes y mansos de corazón”.
Sobre el altar como en el Calvario
no revela sino amor.
¡Oh Cielo, ven a ayudar a la tierra
a pagárselo en retorno!

El Buen Pastor

Inicio


Cómo me gusta veros, Divino Maestro,
bajo la imagen del buen Pastor.
Enséñanos a conocer mejor
los sentimientos de vuestro Corazón.


¿Me queréis Divino Maestro?
¡Oh! decidme que sí;
e inmolándoos todo mi ser,
os seguiré hasta la muerte.


Seré vuestro cordero fiel,
siempre dócil a vuestra voz.
No seré rebelde,
incluso cuando hay que llevar la Cruz.


Os seguiré con valor
entre espinas y llanto
por todos las tierras, por todas las riberas
compartiré vuestros trabajos.


Conozco mis miserias;
caeré en el camino,
pero sé que vuestro Corazón de Padre
vendrá a tenderme la mano.


Pero ¿qué digo? Bondad Suprema,
si no puedo seguir vuestros pasos,
con vuestra caridad extrema
me llevaréis en vuestros brazos.


Contad siempre con mi ternura,
¡oh buen Pastor!
para fortalecer mi debilidad
en vuestro Corazón.

Yo lo he jurado a María

Inicio


Lo he jurado, pertenezco a María.
Después de Jesús, Ella es todo mi amor;
a honrarla consagro mi vida,
la amaré hasta mi último día.


Lo he jurado: como mi tierna Madre
huiré placeres vanos y honores vacíos;
de los hechizos, la falsa dulzura
no engañará jamás mi pobre corazón.


Lo he jurado, Señor, tus tabernáculos
serán siempre mi fuerza y mi seguridad.
Siempre María escuchó tus oráculos
serán ellos solos mi alegría y mis amores.


Lo he jurado: de mi amada Madre
grabaré los dulces rasgos en mi corazón;
y en reproducir una imagen tan querida,
mi tierno amor pondrá su felicidad.


Lo he jurado: de tu voz, oh María,
amaré su dulzura celestial.
Tus lecciones guiarán mi vida
y según tus virtudes formaré mi corazón

La Azucena

Inicio


Quién pudiera María,
toda la vida
ser tu blanca azucena
siempre florida.


Es tu flor predilecta
por su pureza;
en ella está el encanto
de su belleza.


Mas para que florezca
la hermosa flor,
es preciso tu ayuda
Madre de amor.


Haz que siempre en mi alma
castos Amores
alimenten el fuego
de sus amores.


Que entre espinas y zarzas
suban sus ramas;
padeciendo y sufriendo
crecen sus llamas.


Que sus santos deseos
tomen el vuelo,
y de este su destierro
suban al cielo.


Propicia a su plegaria
la atenderás,
prontito a tu lado
la llamarás.


Allí bajo tu manto
Virgen María,
florecerá en el cielo,
oh Madre mía.

La llamada divina

Inicio


Me quieres Señor; heme aquí, estoy lista
para responder a la llamada de tu divino Corazón.
Me entrego con alegría, y mi alma repite
en su canto de amor un himno de felicidad.


Para ir donde Ti, dejo a los que amo;
mi Dios, ¿no eres tu el primero de los amigos?
Y por otra parte ¿qué es en fin el don de uno mismo,
comparado con ese Cielo hermoso que me habéis prometido?


Señor tomadme, tomad toda mi vida,
secad sus flores, dejad solo las cruces.
Quiero siempre estar unida a Ti,
y es por el dolor como crece esta unión.


Mundo: menosprecio tus vanas promesas,
tus encantos engañosos y tus tristes placeres;
dejo tu delirio y tu loca embriaguez
para aquellos a quienes bastas para colmar sus deseos.


Al elegir para mí la porción más sublime,
voy lejos de los ruidos hasta el reposo de tu altar,
abandono la flor que me esconde un abismo,
por la espina que oculta una felicidad eterna.


Espina que sé que ciertamente hiere,
como las amarguras en el momento del adiós,
pero la gracia de lo alto me sostiene y anima
y me hace amar los sollozos que acercan a Dios.


Sí, para ir hacia Ti, mi única y suprema meta,
acepto hacerte total entrega;
pero conoces, Señor, mi debilidad extrema.
Ayúdame, Tú, tan grande, poderoso y bueno.


Pues lo puedo todo en Ti, oh fortaleza de mi alma,
tu amor agranda todas mis facultades,
vivifica mi corazón, lo anima, lo enardece.
Ilumina mi razón, guía mi voluntad.

“Veni sponsa mea”

Inicio


Alma ¿cuál es tu camino?
El camino del amor.
¿Qué medios son los que tomas?
Los que sugiere el amor.
¿Do se dirigen tus ansias?
Donde descansa mi amor.
¿Qué piensas cuando estás sola?
Pienso siempre en el amor.
Mas dime, alma enamorada
¿cómo se llama tu amor?
Es el amor Encarnado
de Cristo Nuestro Señor.
¡Ay alma! Dichosa eres,
pues tu gran Amador,
es la Belleza increada.

Siempre adelante

Inicio


Adelante siempre. Estas dos palabras en mi alma
están impresas como un sello divino.
Caminaré siempre gracias a la dulce llama
que en adelante ilumina mi camino.


Adelante siempre. Las penas, la tristeza
no podrán impedirme caminar.
Iré siempre hacia el Dios de ternura,
que primero se dignó buscarme.


Sí, yo lo juro, iré siempre al Señor,
llorando de alegría al pie de vuestro altar.
Iré siempre adelante, es mi grito de esperanza,
mi canto de amor, mi sueño de felicidad.


Iré adelante siempre, a pesar de mi debilidad,
de los negros sucesos, del corazón lastimado.
Caminaré siempre; es mi grito de esperanza,
mi canto de amor, mi sueño de felicidad.


Iré adelante siempre, a pesar del cansancio,
del fastidio, de las espinas del camino.
Iré siempre adelante con la certeza
de que mi Jesús me sostendrá con su mano.


Iré adelante siempre, cualquiera que sea el cáliz
que el Señor ofrezca a mi amor.
Caminaré siempre y encontraré mis delicias,
inmolándome a Él sin retorno.

Mi Hostia

Inicio


Dios me guarda una Hostia al fondo del sagrario
y nadie aquí abajo puede quitármela:
Es el pan del amor, es el pan del milagro
que ha de sostenerme.


Jesús esconde su gloria en este lugar solitario.
Soy su razón de ser y su único fin.
Hasta el último día tendré en esta tierra
un alimento divino.


Rodead mi Hostia, Ángeles del santuario,
cuando el sacerdote en el altar la consagra para mí.
¡Oh! Pedid entonces que un dulce rayo ilumine
las sombras de mi fe.


Se hizo prisionero el Maestro que yo adoro.
Se queda ahí solo, cuando el día ha huido;
pero vuelvo a sus pies en cuanto se muestra la aurora,
porque me llama a Él.


De ese divino cautivo, la voz misteriosa
hace palpitar mi corazón; me postro a sus rodillas
y en un santo transporte espero
silenciosa la cita de intimidad.


Adorad mi Hostia, coros Angélicos;
cuando Jesús viene a mi, haced mi corazón arder.
Santos Ángeles, rodead de vuestros alegres cantos
este copón viviente.


Fuente de verdadera dicha, divina Eucaristía,
cerca de ti me siento al amparo del peligro.
Me haces olvidar ¡oh mi pequeña Hostia!
los dolores del exilio.


Quédate siempre conmigo, mi amor te reclama.
¿No eres el único pan que puede alimentarme?
Si no vinieras a fortalecer mi alma,
tendría que morirme.


Rodead mi Hostia ¡oh falanges celestiales!
En mis labios poned palabras de fuego.
Tengo hambre de amar a Jesús, cantar sus alabanzas,
unirme a mi Dios.


En el desierto necesito un maná sagrado
para ayudar mi debilidad y reanimar mi fe.
En su amor inmenso, Dios me lo ha preparado;
lo hizo por mí.


El Cielo escribe mi nombre sobre esta blanca Hostia,
cuya inefable dulzura saboreo aquí abajo.
En letras de oro, Jesús Eucaristía
está grabado en mi corazón.


Rodead mi Hostia, Ángeles de la oración.
Decidle en voz baja que mi corazón está celoso.
Admitida en vuestras filas, quiero en esta tierra
amar tanto como vosotros.

Hostia por Hostia

Inicio


Antes de ver en Vos lo alto,
divino Esposo de mi alma,
en las alegrías de la visión de la eternidad,
yo voy a pasar mi vida aquí abajo
convirtiéndome en la pequeña hostia
de la Hostia de Amor.


Como la Hostia del Tabernáculo
yo quiero permanecer toda blanca,
quiero que mi corazón more
sobre el Altar
entre el Cielo y la tierra.


Como la Hostia del copón,
yo quiero ir a donde la obediencia
me mande ir, oh Jesús,
en los grandes deberes de la caridad.


Como la Hostia del Santo Sacramento,
yo me dejaré romper, consumir
en todas las fatigas y sacrificios
de la abnegación.


Oh mi Dios, yo quiero
llegar a todos bajo la forma de Hostia,
es decir de sacrificio
inspirado por el amor.

Canción de la pastorcita

Inicio


Una pastorcita sueña,
sueña con el cordero que ella ama,
tan blanco, tan suave, tan paciente, que apenas
ella puede apartarle los ojos.
Cuando la tijera esquila su blanca lana
se mantiene en silenciosa calma.
Pero lo sacrifican, y la pastorcita llorando
no encuentra más encantos en su rebaño.
Jesús le dice: “Niña despiértate:
El cordero en que tú sueñas soy yo”.


Una pastorcita sueña,
sueña con la flor que ella ama.
Es un lirio del fondo del valle
que se balancea cuando sopla el céfiro.
¡Pobre pastora! Está desolada
cuando ve marchitarse el bello lirio.
- Tú me has engañado, oh lirio, se le queja,
yo te creía una flor inmortal.
Jesús le dice: “Niña despiértate:
La flor en que sueñas soy yo”.


Una pastorcita sueña,
sueña en el bello cielo que ella ama.
Era la noche y la luna plateada
la coronaba de sus rayos.
- Por qué decía la pastora ilusionada
no volar hacia ti rápidamente.
Ella se hace alas de paloma,
arranca su salida, pero cae al suelo.
Jesús le dice: “Niña despiértate:
El cielo que tú sueñas, soy yo”.


Una pastorcita sueña,
sueña en todo aquello que ella ama.
En cada objeto su joven alma se detiene,
viendo siempre un trocito de bien,
pero no es la belleza soberana,
y su corazón tampoco se adhiere a nada.
- ¿Dónde está la perfección suprema,
dónde lo que yo busco y amo?
Jesús le dice:”Niña despiértate:
El amor que tú sueñas, soy yo”.

A mi Crucifijo

Inicio


Te he cogido en mis manos mi Cristo, mi gloria;
te he puesto sobre mi corazón para sentir tu dolor,
y con un grito de victoria te he dicho: Jesús mío,
tu serás mi locura y mi dolor.
Cuando veo, Jesús mío, las sangrientas espinas
destrozar de tu frente la Majestad,
quisiera mitigar tus dolores divinos
y devolver a tu grandeza su sublime belleza.
¡Salve divina Cruz! ¡Salve Cruz amada!
Descansa en mi corazón y calma mis suspiros.
Inflama mis anhelos, oh Tú, que me has hechizado.
O sufrir o morir es lo que yo ansío.

El 8 de junio de 1918

Inicio


Pequeña flor, alegre y pura,
dinos, ¿por qué desde la mañana
tu te cierras junto al camino?
– Por miedo a mancharme.


- Dinos ¿por qué la dulce mano
que te sembró en la aurora,
te ha dejado expuesta en su jardín?
– Para sonreiros todavía.


- Dinos, nuestra querida florecilla
arrancada por Dios,
tú que ves que el dolor no te marchita
¿qué harás ante el Señor?


- Yo perfumaré vuestra vida;
yo rodearé las dos cunas
de los pequeños gemelos
y las hermanitas que amo.


Del dulce perfume del bautismo
yo recogeré aromas de azucenas, y oración
en la capilla, donde no ha mucho
he gustado el pan del Paraíso.


Y yo inclinaré mi corola
muy cerca, muy cerca de vuestros dolores,
y sentiréis en vuestros corazones
perfume del bálsamo que consuela.

“L’envers du ciel”

Inicio


¿Por qué, dice un niño, no veo yo relucir
en el cielo las alas de oro de los ángeles radiantes?
Su madre le responde con una dulce sonrisa:
Hijo mío, es que lo que tú ves, no es sino el reverso del cielo.
Y el niño exclama levantando su brazo cándido
hacia el artesonado divino del palacio eterno:
¡Puesto que el reverso del cielo, oh madre, es tan límpido
cómo debe ser de bello el otro lado!
Sobre el vasto horizonte, cuando la noche haya llegado,
a la hora en que cada cosa se duerme en un ensueño,
la mirada del niño se lanza hacia las nubes
y contempla el azul cobalto sembrado de perlas de oro,
las estrellas en el cielo formando una corona;
y el niño murmura junto al seno materno:
Puesto que el reverso del cielo es dulce y radiante,
¡oh, yo querría ver el otro lado!
El angélico deseo de este alma infantil
sube como una centella encendida a la celeste morada.
Y cuando el sol surge desde detrás de la colina,
no está ya allí el niño para admirar el día.

Es celoso

Inicio


Oh venid, venid al pesebre,
venid con paso discreto
a aprender en este mísero lugar
un extraño secreto:
Este pobre niño que acaba de nacer
tan chiquito, tan débil y suave,
puede ser que no lo creáis:
Es celoso.


¿Celoso? ¡Oh sorprendente misterio!
No, no lo creo, si la dulce Virgen su Madre
no me lo dice bajito.
¿Celoso ese hijo que os mira?
¿Madre es cierto? Decídmelo.
Y su Madre dice: Ten cuidado,
es celoso.


Oh Dios, de estos celos
decidme el secreto.
De vuestro corazón, yo me muero de deseos
de arrancar el dardo.
Tengo gran lástima de la miseria
que veo desgraciadamente cerca de vos,
pero mucho más os compadezco, dulce hermano,
de ser celoso.


Y ahora si bien os parece,
para terminar el debate,
Niño Jesús, hagamos juntos este amable trato:
para guardarnos el uno al otro nos quedaremos. Jurémoslo.
De pronto el hermoso Niño se estremece,
ha murmurado:¡Ven!
Caigo de rodillas sobre la paja,
mis ojos en los suyos.
Sobre mi corazón pone su dedo
y debajo, mi corazón late fuertemente.
¡Oh! dice, dame esa cosa,
de ella estoy celoso.


Mi corazón, oh, tómalo sin esperar;
está hecho expresamente para amaros,
hermano tan tierno, amoroso, delicado y dulce.
Y nada más después.
¡Ah! qué bien guardo esta riqueza;
pues sin saber que erais vos,
yo había sentido de su cariño
a alguien celoso.